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Trabajar por la alegría de los más chicos

23 oct - Se gana la vida a la salida de un colegio como kiosquero. Tiene 59 años y su nombre es Juan Medina. Charlamos con él en su ámbito de trabajo. Por: Agustina de Zavalía, estudiante de Periodismo en Red Milenium.

Puedes seguir a la autora de esta nota en Twitter: @AgusdeZavalia

Miércoles 14 de Octubre. 2015. Cinco menos cuarto de una tarde a pleno sol y de alta temperatura. Faltan quince minutos para que salgan de una larga jornada los alumnos del nivel primario del Colegio San Patricio, en Yerba Buena. Como todos los días Juan Medina, más conocido como "Zapallo", ya está ubicado en la vereda, a metros de la puerta del "campito", lugar en el cual los chicos realizan actividad física y que es punto de encuentro de ellos para aprovechar los recreos.

Éste personaje tiene 59 años y hace 26 que trabaja en el colegio de la calle Maciel y Avenida Aconquija. Medina despliega de lunes a viernes en distintos horarios, su "caja" llena de: Caramelos, juguetes, el famoso juguito congelado, el álbum del campeonato de fútbol y por supuesto esas figuritas a las que te pasabas horas cambiandolas con tus amigos diciendo "yala" o "nola".

Hace algunos años trabajaba también en el Colegio San Juan, hasta que lo cerraron. Pero su trabajo no termina los viernes al finalizar las clases, también se lo puede encontrar los domingos en la Iglesia Nuestra Señora del Valle en la misma localidad. Juan cuenta que siempre estuvo en el rubro de la venta en la calle -antes vendía pochoclos y helados- y así pudo mantenerse a él y a su único hijo (estudia para chef en Red Milenium).

"Me pasa que vienen los padres a dejar a sus hijos y antes eran ellos los que me compraban", dijo muy contento el kiosquero. No es tarea fácil atender a miles de chicos de distintas edades en tan poco tiempo, el buen trato con ellos es muy importante y sin dudarlo él lo tiene: "Todos los chicos son buenos. Si te llevas mal con ellos estas haciendo las cosas mal y tenes que cambiar de trabajo", aseguró el entrevistado.

"Zapallo, un juguito congelado por favor", se acercaba a comprarle el primero de muchos y daba a entender que la jornada ya había concluido. "Me regalas un chicle?", se escuchaba también y muy generoso "Zapallo" se lo daba. Simpático apodo, por supuesto contó de donde surgió: "A mi en realidad me decían "Vigote".

Antes que yo (26 años atrás) había otro chico al que le decían zapallo, después se fue y los chicos me empezaron a decir así".

Ya eran las cinco en punto y la cantidad de chicos apoyados en esta "caja", a la cual traslada en una moto bastante vieja, era cada vez mayor. Hasta las cinco y media Juan Medina no se mueve de ahí, pero su jornada no finaliza. Hay que reponer la mercancía. Todo un personaje.