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"Con mi pasión el paso del tiempo no pudo"

31 ago - El "Checha" Figueroa, figura memorable en la historia del básquet tucumano, regresó con añoranza a sus comienzos. Como si fuera ayer, revivió sus pasos por los clubes que no sólo lo vieron llegar sino crecer, desarrollarse, volar y soñar. Por: María Belén Jiménez Betho. Primer Año. Periodismo Deportivo. Red Milenium.

Pedro César Figueroa (67) más conocido como el "Checha", tuvo una emblemática carrera en el Club Central Córdoba. Lució, además, con orgullo la camiseta de Club Caja Popular, equipo con el cual ascendió a la Liga A. El seleccionado tucumano lo tuvo en sus Torneos Argentinos. 

Su altura, 1.94 mts, le permitió desempeñarse como pivot. Esta talla fue la llave que abrió la puerta a un mundo que lo marcó. Formó. Apasionó. "Me destacaba en el colegio porque era muy alto y eso significaba que tenía que hacer algún deporte y qué mejor que el básquet. En Jujuy, que es donde me crié, me conocían todos, decían que era el coyita más alto del mundo. Así por mi característica física comencé a jugar, con mis compañeros, en la escuela. Recuerdo que una vez, cuando tenía 12 años, me fui a ver a un club del que era hincha y como había faltado un jugador titular, me dieron la camiseta y ahí estuve hasta que llegó. Yo tenía carnet, entonces pude pasar. A los 19 años, me mudé a Tucumán, lugar que siento propio por residencia y permanencia. Aquí, mi primer club fue Central Córdoba, estuve 10 años y comencé a jugar en Caja Popular. Después pasé por otras instituciones y por el seleccionado. Desde que me inicié siempre en la misma posición, de 5", comienza la charla.  

Club Atlético Belgrano, All Boys, Ciudad Nueva y Tucumán BB, constituyeron eslabones simbólicos de su patrimonio en el básquetbol. "En mi carrera todos los clubes me dejaron algo, fueron momentos realmente extraordinarios, inolvidables. Recuerdo con mucho cariño cada juego y a cada compañero. Como así también a sus técnicos. No puedo elegir uno. Todos aportaron a mi crecimiento. Creo que lo mejor de este pasaje por tantas instituciones, fue el hecho de haber conseguido victorias y ascensos. Había mérito deportivo, sin lugar a dudas. Fuimos campeones de los Torneos Argentinos. Son épocas que si las tendría que volver a vivir, lo haría mil veces y si tengo que volver a jugar lo haría en un clásico con Juan Bautista Alberdi. Nosotros con CC llegábamos hasta la final con ellos y siempre nos doblegaban, se iban a casa con el triunfo. Eran encuentros épicos", recordó el "Checha".

Huellas
Su nombre se inmortalizó en las inmediaciones del Club Caja Popular, como aquel histórico duelo, Tucumán vs Yugoslavia, allá por los 70´. Representó con orgullo a su querido Jardín de la República. Dice: "me acuerdo que fue en el año 71 cuando nos tocó enfrentar a los yugoslavos, no tengo palabras para expresar todo lo que sentí en ese momento, yo estaba feliz por defender a mi provincia, porque me siento de aquí. Ese club, fue muy importante; en el 86´ascendimos a la Liga Nacional. No pudimos mantenernos y descendimos. Un equipazo que se desarmó y nos comenzaron a prestar a los demás equipos". 

Al ingresar a la cancha, tenía marcados objetivos. Jugar. Ganar. Luchar. Pero por sobre todo, divertirse en grupo. Una vez que se alejó del aro pasó a dirigir en inferiores. Allí, desde otro lugar, enfrentó otros desafíos como autoridad y ejemplo. Los años pasaron pero su amor al deporte nunca lo abandonó. Cualquiera sea su rol. "Actualmente sigo consumiendo y respirando básquet. Es una emoción que no se me va a ir nunca. Siempre digo que van cayendo las hojas del almanaque y con ellas se van de a pocos los años, uno siente la diferencia, sólo en lo físico porque con mi pasión el paso del tiempo no pudo, ni podrá jamás. Jugué en Primera hasta los 45 años y si fuera por mí, lo seguiría haciendo. Había chicos que venían llenos de talento, era necesario ceder espacio para ellos. No me alejé de esto, pasé a dirigir a los nenes, tenía más de 50 piojitos que me tenían como figura a seguir. Ahí deje de ser temperamental. Cuando jugaba reclamaba a los árbitros y una vez me sancionaron. Eso no se puede transmitir ni a los que recién comienzan ni a nadie. Tuve que ver las cosas de otra perspectiva. Pero sea desde la posición que sea, no me desprendo de lo mío. El año pasado estuve en el equipo de veteranos, mayores de 50. Salimos campeones del Torneo de Iniciación, después se dejó de jugar, muchos compañeros abandonaron. El cuerpo ya no responde como antes", afirmó Figueroa.  

Hoy, con un dejo de tristeza, añoró el básquet del que se empapó. Años en los que el deporte se caracterizaba por su tinte familiar y su amplia propagación radial y gráfica. "En ese momento todo era muy diferente, ibas a un club de barrio, estabas rodeado de niños, padres, era otra cosa. La difusión era impresionante. En el diario, siempre, encontrabas algo. Hoy, se tendría que reforzar eso, los periodistas deben ir a los clubes, estar presentes en las inferiores, porque de ahí nacen las estrellas. Se tienen que nutrir y acompañar. Esta disciplina lo necesita. Se tienen que dar cuenta que hay un recurso muy valioso, las madres. Cuando ven a su hijo feliz por un juego, no las para nada, son la mejor dirigencia con la que se puede contar. Es triste que la gente te pare por la calle y te pregunte ¿se sigue jugando al básquet?", añadió.

El "Checha" reconoció que años después de haber jugado comprendió el valor y el significado de ese deporte que tantas alegrías le dio: " Cuando comencé no lo veía así, eso lo entendí con el curso del tiempo. Apliqué en mi vida personal y laboral, el respeto, la responsabilidad y la pasión que me brindó el básquet, nadie más. Salía a las 6 de la tarde del laburo y me subía en mi Falcon. Llegaba a Jujuy, jugaba, comía algo y emprendía el viaje de nuevo para Tucumán. A las 8 entraba a trabajar.  Esa constancia y respeto por las elecciones las aprendí en la cancha. Uno descubre que el sacrificio es la base de todo éxito. Podés tener un gran don pero si no hay dedicación, pasás sin trascendencia alguna".

Las luchas por dejarlo todo no sólo se plasmaron en los partidos, se enfrentó también a magulladuras del gaje, las cuales no podría haber superado sin la contención de su compañera de vida. "Si de lesiones tengo que hablar, la peor fue la de mis rodillas. Gracias a Dios, lo mejor que me pasó fue haberme casado, mi mujer me bancó en esa y en todas. Estábamos aún de luna de miel y yo enyesado desde la entrepierna para abajo. Fue un muy duro pero no estaba solo. Eso me ayudó a salir adelante", destacó. 

Con respeto y admiración, destacó que fue un bendecido por haber disfrutado de la Generación Dorada: "Lo que hicieron estos chicos fue algo gigante, maravilloso. No somos conscientes que tuvimos la dicha de ver, de acompañar, a un grupo que en su totalidad tiene excelencia. Con la actuación en Río el mundo mira al seleccionado argentino con otros ojos. Manu Ginóbili hizo magia, hay un antes y un después desde su aparición. Es majestuoso".

Pedro César  Figueroa, construyó cimientos no sólo deportivos. Se casó y tuvo 4 hijas. Mujeres que iluminan sus mañanas y acompañan sus días. En Villa Alem, contagia de su buen humor a los vecinos de calle Doctor Adolfo Alsina al 500. Allí mantiene hace más de 15 años su propia empresa: Aceros Figueroa SRL, producto de sacrificio y dedicación. Aunque dejó en claro que el correr de los años tocó su puerta,  hubo algo que el tiempo no le arrebató. La pasión sobresaliente por el básquet, con la que nació.  

Fotos: María Belén Jiménez Berho y Archivo La Gaceta.